De las despedidas interminables


Por: Andrea Corona*


Era un día de Agosto llovía como nunca y como pocas veces en el alma  –sonaba alguna canción, ¿o no?-  cómo es que lográbamos hacer primavera en cualquier sitio, tus palabras siempre suaves acariciaban cada extremidad de mi ser, la humedad traspasaba los cristales del auto, donde hacíamos el amor, hundía mis manos entre tus cabellos, salían de tu boca burbujas estridentes, cada muslo reconocía el unísono de tu cuerpo. Fluimos como un rió desbocado sin conciencia del tiempo  y de la única forma que solíamos hacerlo, como si fuera la última vez. Años después entendería el significado de noches como esas.

Paseaba por los suburbios de la Ciudad, nada había cambiado tanto y sin embargo una nostalgia recorrió mi ser, regresar al barrio que me vio crecer con el que aprendí las alegrías y derrotas que inevitablemente son parte de la vida. Las ciudades tienen un mar de secretos en sus calles y avenidas, esas grandes capitales como la CDMX, albergan tantas luces y ruidos que apenas puedes escucharte,  también cobijan recuerdos fantasmales, seres taciturnos que si bien no pueden  quedarse  para siempre, nos habitan e inundan el espíritu y abren una brecha  al recuerdo, que casi siempre lo acompaña de plenitud.

Caminaba sobre una de las avenidas principales que conduce a la plaza de armas, cuando me detuve a comprar un café, frente a una tienda departamental, no sé si era el destino hurgando mis recuerdos y lo último que recordaba, era una charla de Agosto, como otras tantas, llenas de despedidas  y lamentos, en donde dijiste que podríamos ser amigos pero no volvernos a ver nunca más, no había intentado saber nada de ti como lo prometí. – sonaba una canción de Joaquín Sabina- y como de película entraste por la puerta lateral, me acerque reclamando el derecho de amor, que el tiempo me arranco de las manos. No es posible callar, y esperar que los gusanos devoren el espíritu.


*La autora es egresada de la Licenciatura en Derecho por la Universidad del Valle de Puebla. Es miembro activo de Óclesis, víctimas del artificio. Actualmente es abogada postulante, con especialidad en Derechos humanos.