Horas perdidas


Por: Gustavo Valencia*


He perdido la cuenta de cuántas horas he perdido, en invertir el tiempo perdido en escuchar sin más la melodía insana, pero que ha causado tantas emociones en mi es indescriptible la frecuencias a la que es emitida a veces va creciendo, es como el nacer de una máquina, como la tormenta de civilizaciones destruidas, ciudades antiguas que niegan a desaparecer y en sus muros guardan estos ecos maravillosos y terribles, es la memoria del la piedra, del polvo, la ceniza se manifiesta como fantasía momentánea, nunca debió instalar ese equipo se veía tan potente que todos escucharan la fiesta intermitente.

Siempre busque la música más perfecta para el alivio, el olvido, la sanción, no basta con los ommmmms de los viejos tibetanos, ni los gritos tribales de los africanos y sus espasmos catatónicos, a pesar de su naturaleza desconocida me parece familiar, al género humano, similar a los sonidos que suceden dentro de nosotros. Millones de células moviéndose al compás del universo, pequeñas moléculas intercambiando dentro de los rizomas, sangre convirtiéndose en otros fluidos, glándulas todas sonoras, como esponjas, arroyos, intestinos, gemidos, todo parecía ser aquella extraña música inasequible para los no iniciados, pero ahora me parece algo desconcertante imposible, nunca imaginada tal sensación.

En nada se comparan o tal vez si días continuos de música variada comprimida y restituida con luz y radiación, todos los géneros parecían desafiados a desaparecer, Jhon Cage estaba a la cabeza de esta nueva revelación de sonoridad iluminativa, en otros momentos me parecía conocer todas las canciones mezcladas como un sonidero estilo polymarchs, con ese nivel de producción de las grandes bandas para millones de personas, yo me sentía cada una de esas personas, con su oido único acumulaba la memoria de todo lo escuchado.

Tal parecía este bucle sin fin, había perdido toda noción de lo correcto y lo obligatorio, intentando buscar la respuesta correcta simplemente me volvía a perder en las melodías infinitas como las de Juan Garcia Esquivel, todo animado de manera estéreo cuadrofónica, ahora el sonido me envuelve no se de donde vienen tantas espirales donde voy cayendo como los intentos de ubicarse en el mapa correcto.

Me gustaría ver el campo, o el mar, como el que me sugieren estos acomodaciones de algoritmos que retumban por todas las aristas de la habitación hinchada de átomos que ahora cada uno compone una infinita melodía que va cambiando o retrocediendo según la dimensión donde se encuentre flotando, yo soy un viajero miniatura en las esferas prioritarias del 3.141799 entre las fracciones del inconmovible corazón en la lluvia paradisiaca, estaba en su habitación, con ella tal como mi imaginación de lo perfecto lo puede concebir, pero los bucles me apartan de esas historias reales llevándome una vez más a escenarios donde todo es posible, donde salen los dragones de algodón y se desinflan al contacto de la mirada, mientras la princesa como en las antiguas historias...



*
El autor, nacido después de 1984, mejor conocido como No Tengo Cuerpo, haciendo poesía, ilustración y música experimental, desafiando siempre los límites y las fronteras de las estructuras cognitivas y sensoriales. Invitando a una exploración de interpretaciones, a mirar de otra manera la palabra y sus posibilidades comunicativas.

Redes sociales:
youtube/notengocuerpo
instagram/cuerpo.sugerente
 

Imagen de : No Tengo Cuerpo / Sugerente Art