Un momento oclético hegeliano, a 250 años del nacimiento de G.W.F. Hegel


Por Francisco Hernández Echeverría*


El colectivo Óclesis en su trayectoria de difusión cultural y artística no ha dejado de lado la investigación, sobre todo aquella que se enfoca al estudio del lenguaje. De hecho, desde sus inicios, los que formamos parte de esta noble propuesta, el aspecto académico nos ha acompañado con la organización de mesas redondas, conferencias, talleres, charlas de café y encuentros internos, donde el estudio y análisis del Lenguaje en relación con otros campos disciplinarios ha sido un estímulo determinante.

            En ese tenor, en 2015 la investigadora Olga B. Panova publica un interesante artículo titulado “Spirit and Language in Hegel’s Philosophy of Absolute Spirit” (Espíritu y lenguaje en la filosofía del espíritu absoluto de Hegel), el cual llamó nuestra atención en su momento, y ahora mucho más, cuando el pasado 27 de agosto de 2020 se llevaron a cabo distinguidos eventos a nivel mundial para festejar el 250 aniversario del natalicio del famoso filósofo idealista alemán.

Es interesante observar que Hegel no escribió una obra exclusivamente dedicada al estudio del lenguaje, a diferencia de como lo hizo con la filosofía, la religión, la historia, el derecho y el arte. Pero esto no implica que si hacemos una concienzuda lectura de sus textos, no salten a nuestra vista reveladoras cuestiones lingüísticas en momentos decisivos de su pensamiento, sobre todo, como bien lo dice Panova, cuando las visiones lingüístico-filosóficas de Hegel se estaban formando precisamente dentro del contexto general en el que estaba elaborando su filosofía del espíritu absoluto. Lo cual revela cierta comprensión específica que el filósofo tenía de una naturaleza lingüística profundamente espiritual o, mejor dicho, sobre la forma de abordar la consustancialidad del lenguaje y el espíritu.

Sin embargo, antes de adentrarse en los azarosos vericuetos del estudio del lenguaje desde la perspectiva de esta cumbre del idealismo alemán y de la metafísica en general, debemos darle vida al reto de la retroalimentación de conocer por qué Hegel es un personaje excepcional que nos abre un espacio para pensar el lenguaje, es necesario darnos la oportunidad de recrearnos en un “momento hegeliano”.

La dialéctica, antes de Hegel, era proceso de argumentación y refutación a través del cual los filósofos buscaban descubrir la verdad. En los Diálogos de Platón podemos encontrar cómo una persona manifiesta una proposición o creencia, y Sócrates la refuta y le dice el por qué esa proposición es incorrecta, lo que alisa el camino para que un argumento mejor y más convincente ocupe su lugar. Entonces, el razonamiento dialéctico pre-Hegel consistía en despejar los conceptos erróneos y llegar a los primeros principios, verdades básicas o fundamentales en las que todos podemos estar de acuerdo y, en las que desde ahí, el filósofo pueda apoyarse para construir un sistema filosófico. En el caso de Hegel, la dialéctica es utilizada con un propósito diferente al de llegar a estos primeros principios.

Para comprender lo que significa la dialéctica desde la perspectiva de Hegel, primero debemos saber que éste era un idealista en la tradición de su predecesor, Immanuel Kant. Al igual que Kant, Hegel pensaba que no percibimos el mundo ni nada en él directamente, sino que nuestra mente tiene acceso a las ideas del mundo: imágenes, percepciones, conceptos.

Para Kant y Hegel, la única realidad que conocemos es una realidad virtual, es decir, una realidad que es variable y pasajera. Pero, el idealismo de Hegel se diferencia del de Kant en dos aspectos: 1) Hegel creía que las ideas que tenemos del mundo son sociales, lo que significa que las ideas que poseemos individualmente están totalmente moldeadas por las ideas que poseen otras personas. Nuestra mente ha sido moldeada por los pensamientos de otras personas a través de las tradiciones y costumbres de nuestra sociedad, el idioma que hablamos y las instituciones culturales y religiosas de las que somos parte. “Espíritu” es el nombre que Hegel ocupa para la conciencia colectiva de una sociedad determinada, que da forma a las ideas y la conciencia de cada individuo;

2) Hegel se diferencia de Kant es que ve al Espíritu en estado de evolución de acuerdo al mismo tipo de patrón en el que las ideas podrían evolucionar en un argumento, es decir, la dialéctica: Primero, hay una tesis, una idea o proposición acerca del mundo y cómo nos relacionamos con él. Toda tesis, o idea sobre el mundo, contiene una contradicción o un defecto inherente, lo que da lugar a su antítesis, una proposición que contradice la tesis. Finalmente, la tesis y la antítesis se reconcilian en una síntesis, que es una nueva idea que combina elementos de ambas.

Ahora bien, retomando esta idea de que Hegel ve a las sociedades humanas evolucionando de la misma manera que podría evolucionar un argumento: tesis-antítesis-síntesis. Toda sociedad o cultura comienza con una idea sobre el mundo, que de forma natural e irresistible se desdobla hacia una sucesión de diferentes ideas a través de dicho patrón dialéctico. Dado que Hegel cree que esta sucesión es lógica, lo que significa que solo podría suceder de una manera, piensa que podemos descubrir el curso completo de la historia humana sin recurrir a la arqueología u otros datos empíricos, sino puramente a través de la lógica.

Es común encontrar en los textos de filosofía que la palabra alemana Geist es traducida como “Espíritu” al castellano, no obstante, dicho término también puede significar “Mente”, “Fantasma” o “Manifestación religiosa”, según el contexto en que estemos colocados. Hegel lo usa para referirse a la conciencia colectiva de una sociedad, en el sentido de que podríamos hablar (siguiendo al filósofo alemán) del Espíritu de la época.

Todos estos sentidos que experimenta la traducción de la palabra Geist  son importantes para el término de Hegel porque la dimensión de la conciencia colectiva, que podríamos llamar Cultura, se nos presenta igualmente intangible, misteriosa, fantasmagórica, y para algunos como una expresión religiosa, dado que el espíritu no se encuentra ni en los objetos, ni en las mentes individuales, sino en un tercer reino inmaterial que contiene ideas que toda una sociedad comparte en común.

De acuerdo con el proceso descrito en la Phänomenologie des Geistes (Fenomenología del Espíritu), en los primeros momentos de la historia humana el espíritu no existe, sino que es un fenómeno moderno hacia el cual la humanidad se vio obligada a evolucionar. La conciencia humana parte desde una posición que trata de captar objetos a través de datos sensoriales, caminando hacia formas más sofisticadas de relacionarse con el mundo exterior, hasta que finalmente alcanza el nivel del Espíritu.

En esta última etapa, la conciencia comprende que los individuos están vinculados a otros individuos en una sola conciencia comunitaria, o bien, lo que llamamos cultura. El espíritu es la autoconciencia de comunidad, de la cual los individuos son solo una parte. Por ello, a medida que la conciencia del espíritu se desarrolla y cambia, también lo hace los valores y acciones de las partes individuales de las que están hechos.

De este modo, Hegel coincide con otros idealistas, como Kant, en que la conciencia de un objeto implica necesariamente la conciencia de un sujeto, que es un yo que percibe el objeto. En otras palabras, los seres humanos no solo son conscientes de los objetos, sino también autoconscientes. Hegel lleva este punto de vista un paso más allá para decirnos que la autoconciencia involucra no solo a un sujeto y un objeto, sino también a otros sujetos. Los individuos se vuelven conscientes de sí mismos a través de los ojos de otro.

Entonces, la verdadera autoconciencia será un proceso social que implica un momento de identificación radical con otra conciencia, tomar la visión del mundo de otra persona para lograr obtener una autoimagen. La conciencia de uno mismo es siempre conciencia del otro. En las relaciones de desigualdad y dependencia, el esclavo, el dominado, siempre es consciente de su condición de subordinado a los ojos del otro, mientras que el amo, el dominante, disfruta de la independencia que le permite la libertad de negar la conciencia del subordinado, de ese otro que no es esencial para él. Sin embargo, al hacerlo, el amo se siente incómodo porque ha negado una conciencia con la que radicalmente se ha identificado para asegurar su condición de ser independiente y libre. En pocas palabras, se siente culpable por negar el momento de identificación mutua y semejanza para preservar su sentido de libertad, independencia y superioridad. La vida social está cimentada en esta dinámica de momentos en competencia de identificación y objetivación mutua, de identificación y también de distanciamiento del otro.

Desde esta perspectiva, la vida ética es una expresión cultural que proporciona el espíritu, esto es, que la entidad colectiva trasciende a todos los individuos y determina sus creencias y acciones, sean conscientes de ello o no. Por lo tanto, la vida ética refleja la interdependencia fundamental entre los individuos en una sociedad y encuentra su articulación en sus costumbres y morales compartidas. Hegel sostiene que la tendencia en la vida moderna caracterizada por el individualismo económico y la idea ilustrada del individuo como sujeto que posee varios derechos ha llegado a representar un alejamiento del reconocimiento de los lazos sociales esenciales.

Antes de la Ilustración, los seres humanos eran generalmente considerados en términos de cómo lograban encajar en las jerarquías sociales y las instituciones comunales, pero siguiendo a pensadores de la Ilustración como John Locke, Thomas Hobbes, Jean-Jacques Rousseau e Immanuel Kant, el individuo por sí solo llegó a ser considerado sagrado, un ser sacro. De ahí, que en la Philosophie des Rechts (Filosofía del Derecho) Hegel explica que el Estado moderno es la institución que corregirá este desequilibrio que se ha producido y desarrollado en la cultura moderna.

Aunque el individualismo económico y legal juega un papel positivo en la sociedad moderna, Hegel contempla la necesidad de instituciones que afirmen, que concatenen fuertemente, los lazos comunes y la vida ética mientras preservan la libertad individual. Por ejemplo, él cree que el Estado debe regular la economía y atender a los pobres de la sociedad y que debe haber instituciones “corporativas”, más o menos semejantes a los sindicatos modernos, en los que diferentes grupos ocupacionales afirmen un sentido de pertenencia social y un sentimiento de estar conectados a la sociedad en general.

En resumen, para poder abordar la cuestión del lenguaje desde la mirada hegeliana, tenemos necesariamente que comprender, lo más que se pueda, que el espíritu, por su naturaleza, es un principio activo: sin embargo, su actividad sólo puede ser expresada en el raciocinio, en el autoconocimiento. La naturaleza dialéctica del espíritu va a constituir el impulso hacia su actividad, a su autoconocimiento, el espíritu se mueve y cambia porque es en sí mismo contradictorio esa es su consustancialidad, negarse y transformarse en su contrario.

Esta situación, irremediablemente también se verá manifiesta cuando se aborda el estudio del lenguaje, ya que cuando comprendemos que los sujetos también se comportan como objetos para otros sujetos, uno se vuelve consciente de sí mismo al verse a través de los ojos de otro, y por tanto, al ser nombrados por ese otro.



BIBIOGRAFÍA


HEGEL, G.W.F. (2014): Fenomenología del espíritu. Madrid: Gredos.

LABARRIÈRE, Pierre-Jean (1985): La Fenomenología del Espíritu de Hegel. México: Fondo de Cultura Económica.

PANOVA, Olga (2015): “Spirit and Language in Hegel’s Philosophy of Absolute Spirit”. Procedia. Social and Behavioral Sciences (Holanda), No. 200, pp. 502-508.


*El autor es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Cuauhtémoc y maestro en Educación Superior por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con experiencia laboral en instituciones gubernamentales como enlace interinstitucional; se ha desempeñado como docente a nivel medio superior y superior en diversas instituciones educativas en la Ciudad de Puebla. Ha sido antologado en libros de poesía, y como ensayista con temáticas de educación, literatura y filosofía en editoriales independientes. Textos suyos se encuentran también en publicaciones periódicas impresas y electrónicas como UnivercienciaMomentoCalmécacRevista de la Universidad del Valle de PueblaRelieves y Revista Mexicana de Vampirismo.