Barbarie sistemática


08 Jun
08Jun

Por: Román E. Ocotitla Huerta*


Durante los últimos días de mayo de 2020, se suscitaron una serie de manifestaciones, disturbios y exigencias en contra del racismo e injusticia en Estados Unidos, derivado del asesinato de un ciudadano afroamericano llamado George Floyd a manos de Derek Chauvin, un oficial de policía de Minneapolis. Estas manifestaciones resonaron en todo el mundo como un ultimátum al uso excesivo del poder y sus implicaciones históricas y políticas.

Pero lo anterior, como es de saberse, no es nuevo. El extremismo de los discursos raciales, políticos y patrióticos en Estados Unidos han sido, por un lado, objeto de atención mediática y por otro, de lucha en la agenda gubernamental por mantenerse en la consciencia civil, pese a los daños directos e indirectos que estos han provocado, al menos, desde el siglo XX. Con esto en mente, ¿qué más podíamos esperar del actual gobierno estadounidense?

A principios del siglo XXI y con la llamada democratización del internet y del acceso público a información de toda índole, se ha puesto en marcha una serie de acciones en el ámbito periodístico para confrontar y evidenciar, desde la trinchera virtual, los perjuicios más atroces que las altas esferas de poder han perpetuado con impunidad desde su cómoda posición. A estos ciudadanos astutos y profesionales de la información, se les fueron sumando activistas e investigadores que han tratado de exponer todo tipo de crímenes con la finalidad de poner en jaque la posición estratégica que políticos y empresarios asumen. Las denuncias formales ante las instancias gubernamentales han demostrado ser poco o nada eficaces ante estas situaciones, por lo cual, se han recurrido a estas acciones en la virtualidad.

Julian Assange, fundador de Wikileaks y arrestado en abril de 2019, es uno de los más reconocidos activistas de internet que a través de su sitio -y con la ayuda de varios investigadores y periodistas anónimos-, han logrado publicar y evidenciar las relaciones entre actores políticos y redes de corrupción que han y seguirán dañando la situación financiera y social de distintos países. Para la clase alta y su inmunda injerencia en el desarrollo de los países, todo es permitido ante el regocijo de embolsarse miles de millones de dólares para comprar la exención y otros gustos que están fuera del alcance de nuestra imaginación.

A Julian Assange se le suman otros partidarios de la libertad de expresión y activismo virtual, como Anonymous, un conglomerado de grupos e individuos que, desde hace años, han buscado exponer a través de publicaciones e infiltraciones en redes gubernamentales, las atrocidades que referí anteriormente. A esta actividad se le ha denominado “hacktivismo” o “ciberactisvismo”; y como era de esperarse, los escándalos y crímenes que todas estas personas expusieron a la opinión pública, han sido de importante conmoción.

Por consiguiente, ¿qué relación existe entre las manifestaciones en contra del racismo en Estados Unidos y grupos de activistas virtuales? La respuesta, aunque obvia, se resume en que la muerte de un afroamericano a manos de un agente policial blanco, desató la posibilidad del némesis electoral y personal de Donald Trump frente a una pronunciada actividad social y virtual que versa sobre el hartazgo de millones de personas con respecto al arcaico racismo e injusticia social. Y, por si fuese poca cosa el escenario actual, se añaden las amenazas recientes de Anonymous por desenmascarar los crímenes de los responsables de la injusticia y racismo sistémico. ¿Quién o quiénes serán los afortunados bajo la mira?

Algunos portales de internet (incluyendo los no oficiales de Anonymous que posiblemente estén relacionados con este grupo), han señalado en los primeros días de junio de 2020 directamente a Trump por ser miembro de una comunidad que, desde hace décadas, se han encargado de administrar una red de pedofilia y trata de menores de edad a nivel internacional. De ser cierto, es un grandioso escenario político para el partidario de la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos y portador de la biblia en casos de emergencia social.

Después de todo esto, ¿Qué otros motivos son necesarios para alcanzar la justicia que miles de reprimidos han buscado a lo largo de décadas? Lo único claro en este problema, es lo absurdo e irreal que aún representa la diferenciación humana por motivos raciales, así como lo es la violencia desmedida hacia las mujeres por el simple hecho de ser mujeres.


*El autor es egresado de Comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación BUAP.  Es fundador y coordinador general del proyecto editorial y cultural Eloquium, editor en Óclesis, víctimas del artificio, colaborador en el Grupo de Investigación Narrativas para la Comunicación y colaborador en el círculo de lectura Yishé. Ha sido ponente en congresos y coloquios con temas relacionados con el arte, la cultura y la sociedad; asimismo, ha publicado ensayos en revistas indexadas. Fue becario del programa "Haciendo Ciencia en la BUAP" en las ediciones 2017 y 2018 en el área de Lingüísitca y Comunicación (teoría de la recepción).