Consideraciones de los integrantes del contexto educativo: Daño colateral


07 Apr
07Apr

Por: Noé Cano Vargas



Día número diez y seis de la cuarentena dada por el gobierno para evitar contagio masivo del COVID-19, una estrategia fundamental dada a nivel federal fue aislar a un sector de la población que por las condiciones de actividad que realiza podía propagar el virus, nos referimos a los alumnos y maestros, la cifra es amplia si tomamos en cuenta la cantidad de personas que estudian desde los 3 años hasta los 23 años de edad en el territorio mexicano tomando el tema de la Nueva Escuela Mexicana [NEM], vayamos a las cifras, sólo a nivel básico como lo menciona el periódico El Economista, imagina más de 25 millones, 417 mil estudiantes y 1 millón, 219 mil 517 maestros y maestras en sus respectivas labores, revisemos su itinerario cotidiano: tanto el alumno y el docente se levanta, desayuna con la familia -si le da tiempo claro está-, se despide y va directo al colegio, entre las 8:00 y las 10:30 u 11:00 a.m., solo un alumno entra en contacto con aproximadamente treinta y cinco o cuarenta compañeros dentro del salón -eso si la escuela tiene poca demanda- ahora, durante el receso, la cifra se eleva, imagina una institución con más de doce grupos, aproximadamente quinientos alumnos se vinculan diariamente, ahora multiplica esa cantidad por el número de integrantes que viven en tu casa, es decir, cada vez que el alumno va a clases tiene 500 veces la probabilidad de contagio si es que uno de ellos porta el virus, tal vez si lo analizamos, la medida gubernamental tiene sentido.

Ahora, todos los integrantes del contexto educativo están en casa esperando que la medida surta efecto, todos a su manera continúan sus actividades: los alumnos deben de realizar actividades que los docentes les han asignado con base en las planeaciones previas que se realizan en los consejos técnicos escolares, ante tal situación, el alumno debe de realizarlas con base en las indicaciones asignadas y su criterio personal, utilizando sus recursos a disposición, enviar las actividades de acuerdo a los tiempos asignados; hasta ahí todo va bien, pero, y si no sucede así, el alumno puede quejarse de las actividades a realizar, protestando por el trabajo excesivo, ¿tendrá razón? Será que el docente planeo las actividades o sólo envió información a sus pupilos debido a que fue indicación de sus superiores, la función se remite a cumplir sin ver si fue adecuado y oportuno.

En el caso del tutor, específicamente la madre o ama de casa, tiene su propio ritmo de trabajo, levantarse, tender la cama, hacer el desayuno, los quehaceres son diversos, limpiar la casa, hacer de comer, la lista continúa, algunos dirán que es extenuantes, a eso tiene que incorporar nuevas actividades, recibir dentro de sus aposentos, a esos individuos que no fueron al trabajo y a la escuela, por un lado, un cuarto se convierte en oficina con un profesional exigiendo espacio personal y pidiendo a la ama de casa que cerque el área para poder realizar sus actividades profesionales y empresariales, en caso contrario, se quejará que el esposo se convirtió en una carga más, es otro niño dentro de casa que mami tiene que cuidar, además , en otro cuarto, tenemos a los niños o adolescentes simulando un salón de clases, ahora ella es la encargada de resolver dudas, presionar, poner a leer, hacer tarea, y hacer sus actividades a la par, el cuarto escuela no se sabe si es lo uno o lo otro, o es sala o es cocina, si es así de repente puede haber averías, los apeles se manchan de grasa, mole, se riega el agua, todo se tensa, es un caos, entonces, la o el tutor tiene de dos opciones: se queja o valora la función que realiza otro miembro de la sociedad con sus hijos –la primera opción es la más viable-, la pregunta obligada ¿tendrá razón?

Por último, el maestro, se puede mostrar la misma escena anterior, la casa se vuelve salón de clases, oficina con trabajos, la computadora y el celular funcionando a toda capacidad, trabajo tras trabajo se almacena en la bandeja de entrada, el WhatsApp se satura, la memoria se llena, las actividades personalizadas sobrecargan la actividad docente, para redundar el docente también se queja, redundando ¿tendrá razón?, aparte de las actividades a revisar tiene que hacer planeación para la contingencia antes y después de la pandemia, la formatitis invade la mente del profesor, se vuelve a quejar, misma comedia, su pareja, la esposa se queja, pone caras, pregunta que hace pegado o pegada al celular, le pide ayuda para realizar labores del hogar, la situación se tensa, o accede o mejor ni hablamos.

En fin, concluyamos, debemos de evaluar las características que presentan los integrantes del contexto educativo, recordemos que de todos se aprende en esta vida, pero de lo que tenemos que aprender es que todos estamos conectados y todos nos necesitamos, si no empezamos a apreciarnos, la situación puede tomar el tono de comedia como en párrafos anteriores, en tal caso seamos optimistas y riamos un poco de la situación y veamos que ante la situación que estamos viviendo hay daños colaterales si no nos apoyamos entre todos los sectores de la población para salir adelante, recodemos que vivir es convivir, así que cerremos con un pequeño meme con daño colateral que sale a colación:

“Maestro, ¡ayúdeme con mi hijo, por favor¡, en casa se está portando mal, grosero, no pone atención, no hace nada…” “! Qué raro¡, en la escuela el niño no es así…Usted le ha de tener mama fe.” La pregunta es ¿tendrán razón?



*El autor es egresado de la Licenciatura en Historia y Maestría en Historia por la BUAP. Es miembro activo de Óclesis, víctimas del artificio. Trabajó como docente investigador en la UVP donde ha sido ponente en congresos con temas relacionados con historia, gastronomía y turismo. Ha publicado artículos y ensayos en revistas como Calmecac y Re-incidente. Actualmente es docente y Tutor Escolar a nivel Medio Superior, así como Docente a Nivel Superior en el Instituto de Educación Digital del Estado de Puebla [IEDEP] Plantel Guadalupe Victoria.