Covid-19: de la infoxicación a la infodemia y fin de otra utopía


03 Apr
03Apr

Por: Paco Echeverría


Durante la Conferencia de Seguridad de Munich llevada a cabo el 15 de febrero del 2020, Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, afirmaba lo siguiente: “no solo estamos luchando contra una epidemia; estamos luchando contra una infodemia”, es decir, la epidemia mundial de propagar rápidamente información errónea en torno a Covid-19 a través de las plataformas de Facebook, Twitter, YouTube, WeChat, etc. Una cuestión que también contribuye de manera determinante al deterioro de la salud pública.

Pero, ¿cómo frenar de golpe la información personalizada, si como decía Bauman, “el internet es un mundo de ciberacoso y difamación de una generación líquida”?, de una generación que ya no tiene por costumbre ver la TV ni escuchar la radio, sino que consumen Netflix y Spotify y las noticias e información le llegan a través de redes sociales y otros medios, y que además práctica la “comentocracia” más que enfocarse en la comunicación oficial o académica; quizá porque muchas veces ni la entienden y, por lo tanto, ni confían en ella, porque existe un dominio inadecuado de las habilidades lectoras que imposibilita el alcance de estas competencias por el bajo, “light” o “líquido” nivel que actualmente ostenta la educación superior.

Pero fijémonos bien, ya que esta visión light y vulgarmente especulativa se fomentaba o, se sigue fomentando, en el aula, gracias a que cuando los postmodernos llegaron con todo su arsenal de ataque a la ciencia y su objetivo de alcanzar el conocimiento bajo la razón y la claridad, por considerarlo rígido y simplista, encajaron perfectamente con las intenciones del nuevo mercado surgido de la post-caída de las ideologías, comenzando así las “deconstrucciones” en pos de la devastación del sentido de pertenencia que tenía marcadamente el individuo entre los distintos estratos sociales. Así que con el auge del internet y las TIC’s, y una mayor preocupación por el bienestar económico, el individuo fue obligado a integrarse a una sociedad cada vez más global que superaba identidad fija para apostar por una identidad más maleable, voluble, una máscara de supervivencia que podía autoinventarse, cuya revolucionaria base era las “políticas identitarias” que conceptualizan al individuo como miembro de la raza humana merecedor de derechos y libertades. ¡Pero!, dejando a un lado las obligaciones que lógicamente trae aparejadas.

Bajo este esquema, se instalaron —porque no hay que olvidar que la escuela y el profesor es un aparato ideológico— los nuevos lenguajes, la nueva semantización, en la que las fuentes de las redes sociales se adaptaban a los intereses del individuo, a sus necesidades muy particulares, por lo que los mensajes debían dirigirse a una comunidad que ahora “fluía”, deconstruyendo a la familia, la religión, las instituciones, los roles de género y costumbres tradicionales para hacerlas “algo original” según las diversas exigencias que el sujeto enfrentaba en cada momento y en cada situación de su propia vida paralelamente a la diversificación de las mercancías, que es lo mismo que decir a la diversificación de sus deseos. Por ende, la información objetiva pasó a ser la información de cada quien, porque cada uno podía ser “expertise” de todo en revancha al “autoritarismo” que imponía la ciencia y la disciplina del estudio serio y profundo.

Ahora, ante la crisis pandémica, el Covid-19 ha pisado el freno de la enloquecida locomotora neoliberal postmoderna con su tsunami de información, que en su mayoría se alimenta de lo erróneo, de los rumores y de la especulación, pasando de la infósfera —según Franco Berardi— a la infoxicación, y de ésta a la infodemia, que en el plano de la salud se manifiesta como misinfodemia, que significa la propagación de un diagnóstico de salud particular o enfermedad cargado de desinformación que se hace viral, generalmente a través de las redes sociales, sin comprobar si es correcta o no la información, afectando de manera dramática la cotidianeidad, la psicología, el comportamiento y el código de valores —aunque sean líquidos— de las personas.

La propagación de información errónea propaga la confusión. Sin embargo, ahora resulta que ese individuo postmoderno, que vivía sólo el presente, la incertidumbre, la confusión y la liquidez, prescindiendo de los hábitos tradicionales, sólidos, “normales”, parece que ha tomado consciencia (¿lo líquido comienza a solidificarse?) de que una información dudosa, máxime si se trata de un asunto de salud, y sobre todo de sobrevivencia, socava los esfuerzos de contención de la pandemia. La forma trágica en que se informa el brote, centrándose en las muertes y los bloqueos en los países más afectados, significa que los resultados más graves del Covid-19 están sobrerrepresentados en nuestras mentes. Para los postmodernos licuados, “locuaces”, que se han privilegiado del mundo “soft”, la ansiedad que genera esta problemática puede resultar potencialmente dañino porque puede invitar al individuo a reconsiderar aquella sociedad identificada con la seguridad, los contenidos y los valores imperecederos, que manifestaban un comportamiento previsible y perdurable, baumanianamente hablando. Pues, si bien los beneficios potenciales de no enfermarse van orientados en el futuro, el esfuerzo de tomar medidas preventivas se siente en el presente, lo cual requiere cambiar los hábitos, recuperar la confianza en las instituciones, revalorar el núcleo familiar, generar relaciones estables y fructíferas, resignificar las conductas y exigir objetividad a los medios académicos y de comunicación, so pena, de recoger los frutos fermentados de una utopía que alimentamos, por lo menos, hasta la aparición de la pandemia actual.


*El autor es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Cuauhtémoc y maestro en Educación Superior por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con experiencia laboral en instituciones gubernamentales como enlace interinstitucional; se ha desempeñado como docente a nivel medio superior y superior en diversas instituciones educativas en la Ciudad de Puebla. Ha sido antologado en libros de poesía, y como ensayista con temáticas de educación, literatura y filosofía en editoriales independientes. Textos suyos se encuentran también en publicaciones periódicas impresas y electrónicas como Univerciencia, Momento, Calmécac, Revista de la Universidad del Valle de Puebla, RelievesRevista Mexicana de Vampirismo.