De Kramer vs Kramer a Historia de un matrimonio


30 Mar
30Mar

Por Penélope Astudillo*


En 1979 se proyectó en las salas de cine, una película llamada “Kramer vs Kramer”. Fue un éxito en la crítica, en la temporada de premios y en la taquilla. La historia sigue a un hombre llamado Ted que un día llega a casa para enterarse que su esposa, Joanna, que era ama de casa,  ha decidido dejarlo, tanto a él como a su hijo de cinco años. El protagonista,  nunca se había hecho cargo completamente del infante, así que aprende a criarlo y a llevar a cabo las labores domésticas. Después de casi dos años, Joanna regresa para tramitar el divorcio y pedir la custodia del niño. Ambos se enfrentan en un juicio para determinar quién será el que se quede con el pequeño.

Cuarenta años después, se estrenó en alguna plataforma digital la cinta “Historia de un matrimonio”, escrita y dirigida por Noah Bambauch. En la cual vemos a Nicole y Charlie, quienes han decidido divorciarse. Mientras que al principio ambos se comportan de manera civil, conforme pasan las semanas, y los consejos de las personas a su alrededor, la situación se torna conflictiva, dramática y dolorosa. Esto ya que Nicole decide mudarse a otra ciudad por cuestiones de trabajo y llevarse a su hijo. En este film también hay un juicio por la custodia y tal vez es por eso que se le ha comparado tanto con la película de Benton.

A decir verdad, hay más diferencias que similitudes entre ambos relatos, ya que las situaciones cotidianas, los roles de género, y las interacciones sociales eran muy distintas en lo setentas, a lo que son hoy en día. Sin embargo, algo que no ha cambiado mucho, es el duro juicio que se les hace a las mujeres respecto a su rol como madres.

En “Kramer vs Kramer”, las ideas planteadas son varias; desde que un hombre puede ser tan bueno para la crianza de los hijos como lo son las mujeres, hasta que las mujeres necesitan más en la vida que los matrimonios y la maternidad. En su época, estas ideas no eran comunes, y tampoco muy bien aceptadas. El hecho de que una madre abandonara a su hijo era inconcebible, casi atroz, y que existiera un padre soltero era prácticamente ridículo.

Por lo tanto Joanna es casi una villana, que además de haber abandonado a su hijo, tiene la osadía de regresar y querer romper la ahora sagrada y maravillosa relación que tiene el niño con su padre. La cinta está diseñada para sentir empatía por el pobre Ted, quien tuvo que cocinar, limpiar y ayudar al pequeño, además de trabajar. Que, por cierto, era lo que hacía el personaje de la madre antes de irse, lo cual no fue mostrado, pero sí mencionado en pantalla. Aun así, como las acciones fueron hechas por un hombre y los hombres usualmente no hacen eso, se le da más crédito y se le aplaude por lograr tales tareas. En realidad sí fue un reto para el protagonista, ya que jamás se había enfrentado a esa situación. Sin embargo, lo que logra en la película, es lo mínimo que tiene que cumplir como responsable de un menor. 

En el caso de “Historia de un matrimonio”, las circunstancias son muy diferentes: los personajes son artistas, ambos trabajan, ambos padres se encargan de la crianza del hijo, el niño es mayor y el foco de la historia es la relación de los futuros divorciados.

Aunque los errores y triunfos de los protagonistas son mucho más equilibrados, la culpa también recae sobre Nicole, ya que fue ella quien decidió terminar la relación. Y es ella quien primero contrata a abogados, y es a ella a quien pintan como la mala por querer cambiarse de ciudad, a pesar de que incluso dentro del film, se acuerda que esa decisión es la mejor para el niño.

Al hablar de la película de Baumbach con personas de distintos géneros y edades, todos concluían lo mismo: ella es la que está mal. Mencionaban que a pesar de que sus argumentos eran válidos, le rompió el corazón a Charlie que además era tan buen papá.

“Tú siempre serás medida con un estándar diferente y más alto, y eso está jodido, pero así es”, le dice la abogada de Nicole a Nicole, cuando le explica que como sociedad podemos tolerar a un padre imperfecto, pero jamás a una madre imperfecta.

Así que después de cuarenta años, sí han cambiado muchas cosas: hoy en día se reconocen las desigualdades y también se critican. Sin embargo, mientras que en la vida real, son más los casos en los que los hombres dejan el yugo familiar, y deciden perseguir el trabajo o la vida que siempre soñaron, jamás se les juzga tan fuertemente como a las mujeres. 

Tal vez porque inconscientemente nos molesta que una mujer haga lo que ella quiere, o que quiera ser algo, lo que sea, además de ser madre. O peor aún, que no quiera ser madre en lo absoluto.


*La autora es licenciada en comunicación, por la Benemérita Autónoma de Puebla. Ha colaborado en distintas revistas como TEIP y Revista UNUS como columnista de la sección de cine. También forma parte del consejo editorial de Óclesis. Ha trabajado en abc Radio y LO media como locutora y productora de programas radiofónicos. A su vez ha participado como organizadora y ponente en el Coloquio Nacional de Narrativas. Se especializa en la corrección de estilo y creación de contenido para distintos medios.