El amor es ciego y nosotros sordomudos


18 Mar
18Mar

Por: Penélope Astudillo*


Hace unas semanas, sucumbí ante el aburrimiento y el ocio. Puse un programa que podría considerarse como televisión basura.  Un reallity show nuevo llamado “Love is blind” (el amor es ciego en español), cuya premisa es bastante acorde al género: treinta mujeres y treinta hombres teniendo citas cortas con el fin de encontrar al amor de su vida. Una acción que comenzó con toda intención de no pensar en absolutamente nada, más que en el drama mal actuado de este tipo de contenido, se convirtió en una preocupación real sobre nuestra sociedad. ¿Por qué nos es tan difícil tener relaciones significativas y relevantes?

El giro en la serie está en que las parejas heterosexuales, jamás se ven físicamente y las citas ocurren en cabinas que sólo les permite escucharse. Después de unos días de tener citas literalmente a ciegas entre ellos, pueden elegir proponerle matrimonio a quien gusten, y si la otra persona accede, entonces podrán conocerse. Una vez estando comprometidos y habiéndose conocido frente a frente, pasarían tiempo juntos, conocerían a sus familias, entre otras cosas, para finalmente casarse.

Conforme avanzaban los hechos, las parejas se formaban y se comprometían, noté un patrón: todos mencionaban lo impresionados que estaban de por fin tener una conexión emocional con alguien. Mientras las conversaciones que salían a cuadro eran sobre asuntos banales, comentarios como “jamás había hablado de algo serio con alguien”, “no le había dicho eso a nadie”, o “creo que he encontrado algo real”, abundaban en los testimonios de los participantes.

Parecían emocionados por conocer a alguien que también hiciera deportes, o que quisieran el mismo número de hijos y dos perros en la casa.  Al principio me pareció ridículo que tal cosa fuese posible, ¿cómo es que pueden ir treinta años por la vida, sin haber tenido una sola conversación profunda y significativa? Seguro es difícil encontrar a una pareja sentimental, pero hablar sobre los miedos y deseos debería ser algo que compartieron al menos con algún amigo.

Una de las protagonistas en el programa, relataba ante la cámara la felicidad de haber encontrado a su alma gemela: “Es mi mejor amigo, no  puedo creer que me vaya a casar con mi mejor amigo” decía entre lágrimas y un poco alcoholizada en su despedida de soltera. Y su reacción parecía genuina. Después de veintisiete años, la mujer no podía creer la suerte que tenía de haber encontrado a alguien a quien contarle que le dolía la muerte de su padre, o lo dañada que la habían dejado sus relaciones anteriores. La suerte de poder casarse con un sujeto decente.

Sin embargo, aún tomando en cuenta que la mayoría de estos programas están previamente escritos, si dichas confesiones están siendo expuestas con tal ligereza, es porque hay cierta verdad en ellas. Puesto que el programa se estrenó en febrero del 2020 (y fue grabado un año anterior a la fecha de estreno) es curioso pensar que ese tipo de declaraciones son dadas en este preciso momento de la historia. Una época en la que reinan las redes sociales y la interacción con otros está sólo a un clic de distancia.

En estos tiempos de aislamiento, se pueden ver las grandes ventajas que traen las redes sociales. La inmediatez con las que se obtienen las cosas, y la facilidad con la que podemos contactar a casi cualquier persona en el mundo es impresionante. Aunque probablemente, es eso lo que nos ha hecho tanto daño.

Tal vez dimos por sentado el hablar con alguien más, ya que ahora es más sencillo que nunca. Tal vez, entre todo el entusiasmo por postear lo que estamos haciendo y comiendo, o por presumir los lugares en los que nos encontramos y los libros que acabamos de leer, se nos olvidó que atrás de las fotos, hay más personas, que pueden estar haciendo y sintiendo lo mismo que nosotros.

¿Será realmente la adicción a la pantalla lo que nos aleja? O será que es la misma pantalla lo que nos distrae de lo solos que nos sentimos, aún rodeados de tanta gente, tantos likes, y tantas reacciones. Es triste pensar que hoy en día es mucho más fácil conseguir vías de comunicación que hace quince años, y que es justo comunicación lo que más hace falta.


*La autora es licenciada en comunicación, por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha colaborado en distintas revistas como TEIP y Revista UNUS como columnista de la sección de cine. También forma parte del consejo editorial de Óclesis. Ha trabajado en abc Radio y LO media como locutora y productora de programas radiofónicos. A su vez ha participado como organizadora y ponente en el Coloquio Nacional de Narrativas. Se especializa en la corrección de estilo y creación de contenido para distintos medios.