El trabajo, artificio para el hacer y evitar la angustia de la nada


02 May
02May

Por: Noé Cano Vargas*


El trabajo es una actividad que realizamos pero que no analizamos, su evolución histórica nos puede condenar o liberar, eso depende del discurso que consumamos. Históricamente, este concepto ha tenido su evolución a través del tiempo, en la Grecia clásica esta actividad se tiende a dividir en dos. La física, también denominada manual y la intelectual. El trabajo manual era considerado como inferior debido a la cosmovisión de la época. Los esclavos eran casi los únicos que realizaban trabajos manuales; siglos después, en la edad media, la situación no cambió mucho. Los siervos o labradores, era el grupo social que se encargaba de cosechar la tierra y realizar ese tipo de actividades, mientras que los nobles y el clero, grupos que detentaban los medios de producción eran los que controlaban el sistema feudal.

Entonces lo intelectual tomó a la fe como elemento de control; el tiempo pasó y la edad moderna y contemporánea hicieron un cambio. Llegó la revolución francesa, la toma de la Bastilla, la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Surge en la mente de las personas el concepto de libertad, igualdad y fraternidad.Los enciclopedistas al difundir su pensamiento crearon el discurso ideológico que permitió la caída del sistema feudal.  La burguesía tomó ese discurso para tomar el puesto de control. Se cambió la fe y/o se le adicionó un elemento: la razón. Este nuevo elemento ideológico les permitió llegar al poder. 

El siervo dio paso al ciudadano, mientras que la burguesía, hoy capitalista, sigue detentando los medios de producción y usa el discurso ideológico para controlar, eso sí, ahora el hombre es "libre", igual que cualquier otro hombre, y fraterno, pero, ¿será que todos consumimos ese discurso o sólo una minoría lo disemina entre la masa?. ¿Es ese nuestro discurso?.

Por otro lado, el trabajo, se puede explicar desde un punto de vista teológico judeocristiano -hablando de discursos ideológicos-. En génesis capítulo 3 se menciona que Adán tenía una vida despreocupada y lo situaba en una condición privilegiada donde no tenía que trabajar, no tenía que hacer otra cosa que seguir una serie de mandamientos. A cambio, podía comer del fruto de todos los arboles del jardín.  El castigo asignado a Adán, al comer lo que se supone es una manzana, es lo que sitúa el concepto. Jehová le dijo “…el suelo estará maldito por tu culpa. Te costará muchísimo trabajo sacar alimento de él todos los días de tu vida. El suelo te dará espinos y cardos, y tú tendrás que comer la vegetación del campo. Con el sudor de tu frente comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y al polvo volverás”. Ese discurso ningún cristiano lo puede negar, pero, si esa es la condición del hombre y estamos sujetos de manera teológica, ¿Cómo compaginarlo con el discurso burgués, medieval o griego?.

Vayamos a un último discurso. Veamos el trabajo desde un punto de vista axiológico. El trabajo como valor de uso, aquel para  satisfacer necesidades básicas, no es una condena para el hombre, más bien le permite ser libre, escapar y sentirse útil. “…es la salvación contra la angustia de la contemplación de la nada”. Ese carácter humaniza la naturaleza, crea cultura y estiliza su contexto, su mundo, su vida. La dota de sentido, convierte al hombre en artífice, y su producto es el artificio, la creación. Entonces, nuestra vida consiste en que la persona se ocupe de las cosas o con ellas. Donde Abraham Maslow, lo lleva a la autorrealización. Es entonces, que el trabajo es un hacer. Los ejemplos pueden ser variados, en palabras de Gasset “Hace su hacienda, hace política, hace industria, hace versos, hace ciencia, hace paciencia”, específicamente en este lapso, esto último le llega al ser humano en cualquier parte del globo terráqueo, hace paciencia.

El encierro que inició para algunos casos el 23 de marzo del año en curso debido al coronavirus  y sigue vigente,  puso al hombre en una situación que a nivel masivo no se había enfrentado. El hombre, hacedor de haceres, no puede hacer más que esperar que pase esta situación. Algunos con salario garantizado, y en otros casos, perdieron su empleo. La vida es un drama, entonces “...cuando parece que no hace nada es que espera, y esperar, vuestra experiencia os lo confirma, es a veces un terrible y angustioso hacer: es hacer tiempo.”

En otro sentido, esta situación se torna delicada con las personas que no hacen tiempo y hacen nada. Puede ser desesperante, el que está encerrado y se deprime, el que se siente como león enjaulado. El ansioso, el melancólico, el agresivo.  José Ortega y Gasset menciona en Unas lecciones de metafísica “El que no espera desespera; hacer tan horrible, menesteroso de tan fiero esfuerzo que es uno de los que menos puede el hombre aguantar y suele llevarle a hacer la efectiva y absoluta nada, a aniquilarse, suicidarse."

Es así, que al recordar la fecha del primero de mayo (día del trabajo), hacer o no hacer. Ese es el dilema. Hagamos algo para nosotros, para los otros, para uno mismo y para los demás. Trabajemos, asignémonos una tarea que no sea una condena para el hombre. Que le permita ser libre, escapar y sentirse útil. Crecer, vivir y convivir: lavar el baño, leer un libro, arreglar el escritorio viejo, hablar con los hijos, rehacer el contrato con la pareja. Estudiar en línea, hacer la tarea y enviarla por correo electrónico, revisar los trabajos de los alumnos, terminar de escribir este artículo aunque sea tarde, pero eso, nos remontará a pensar en el trabajo como un discurso axiológico. Con valor de uso. Esa actividad vital realizada por todos los hombres y por mí para satisfacer mis necesidades propias y profundas de mi ser, en vez de pensar en el discurso del trabajo como valor de cambio que me enajena y no me deja crecer.


*El autor es egresado de la Licenciatura en Historia y Maestría en Historia por la BUAP. Es miembro activo de Óclesis, víctimas del artificio. Trabajó como docente investigador en la UVP donde ha sido ponente en congresos con temas relacionados con historia, gastronomía y turismo. Ha publicado artículos y ensayos en revistas como Calmecac y Re-incidente. Actualmente es docente y Tutor Escolar a nivel Medio Superior, así como Docente a Nivel Superior en el Instituto de Educación Digital del Estado de Puebla [IEDEP] Plantel Guadalupe Victoria.