Familia, matrimonio y sociedad: un repaso histórico


21 Oct
21Oct

Por: Noé Cano Vargas*


En el texto La rebelión de las masas del filósofo español José Ortega y Gasset, se aborda el concepto de sociedad como una vinculación armónica de los pueblos europeos. Desde esa perspectiva, vivir era convivir con los demás, pero vivir en un espacio común, también lleva a apreciar dentro de ese ámbito su lado pacífico o combativo; esas rencillas entre pueblo las asemeja a rencillas domésticas. Tal ejemplo, lleva a plantear la vinculación entre un Estado Nación y una familia cuando se trata de gobernar, y si bien es claro que estamos hablando de ejemplos a nivel macro y nivel micro, apoyo la idea de que convivencia y sociedad son términos equipolentes, es decir, con el mismo valor, dirección y sentido.

La familia es el punto medular para entender el concepto de sociedad, pero como todo concepto, el tiempo lo va transformando, y paulatinamente se va perdiendo lo esencial dando paso a nuevas interpretaciones. Por principio de cuentas, la familia es una institución que nace de manera natural para satisfacer ciertas necesidades básicas; en este primer momento, las relaciones de género estaban en equilibrio y ejemplo de ello, es cuando en los clanes se van afirmando los lazos fraternales entre madre e hijos dentro del clan. La mujer está ligada al padre y al hermano, la relación de la mujer y el hombre es ocasional y no muestra un lazo emocional. La sexualidad, por su lado, responde a cuestiones instintivas y en este contexto, la mujer ocupaba un papel fundamental. Gracias a ella, se conoce el proceso de agricultura, el uso de algodón que junto con la costura permitió fabricar prendas que protegen del frio, la elaboración de la cerámica, etc.; pero cuando las relaciones productivas domesticas para satisfacer necesidades se vuelven más complejas con base en el surgimiento de nuevas necesidades y la división del trabajo, se van transformando las relaciones de género. Con esto, surge la supremacía del hombre sobre la mujer y la sociedad patriarcal, para dar paso al concepto de pater familias, siendo el hombre dueño y propietario de los esclavos, mujer e hijos.

En el imperio romano, el origen de la familia inicia con el compromiso contraído por dos familias mediante la entrega de las arras como acuerdo prenupcial, que en el derecho romano se denominan arras obligacionales. Esto consistía en dinero u otros objetos de valor para la celebración de un contrato.  Estas, se entregaban antes de la perfección del contrato, por lo que la relación se dota de obligatoriedad; esto es indicio de cómo funcionaban los contratos de compra venta en ese periodo, por lo que las arras eran un elemento de obligación que conducía a las partes a la definitiva celebración del contrato matrimonial. En caso contrario, si el hombre se arrepentía, perdía lo invertido, si la mujer no cumplía tenía que devolver la suma recibida y más.

Según Gasset, sociedad es lo que se produce automáticamente por el simple hecho de la convivencia, pero en la trivialidad que viven dos personas –ya sea del sexo opuesto o del mismo sexo-, surgen acuerdos; lo que importa destacar, además de la situación de codependencia ante un acuerdo de esta magnitud, es el concepto de contrato, y podríamos decir que desde el periodo romano se habla de la familia como una especie de contrato, específicamente como un acuerdo de voluntades, este acuerdo da como resultado una sociedad.

Si vemos a la familia desde el punto de vista legal y administrativo como una sociedad, entonces es un contrato por el cual dos personas se obligan a crear un fondo patrimonial común, investidas con la capacidad jurídica para actuar en nombre y en el interés de esa colectividad. Esto involucra un acuerdo de voluntades, de gentes que conviven, al principio sólo dos, pero con miras a crecer. Ejemplo de esto, es la dote, es decir, el conjunto de bienes o dinero que la mujer aporta al matrimonio, o que entregaba una profesa al convento al entrar en unión con Cristo. Esta dote, es el aporte económico con el cual la mujer se incorpora al matrimonio, desde el punto de vista seglar, es el apoyo brindado al marido, para iniciar esa sociedad. Esto conduce al concepto de sociedad civil claro está -específicamente destinado a la clase alta desde el periodo griego hasta que quedó prohibida-. Es decir, una sociedad compuesta al inicio por dos personas, que no se dedican en teoría a la actividad mercantil, por lo que su unión es de carácter moral misma que teóricamente no tiene la finalidad de obtener un beneficio económico. Sin embargo, en la práctica, la unión de fortunas tiene como finalidad obtener un beneficio económico o ganancia, ya ambos se obligan mutuamente a combinar sus recursos, conocimiento, trabajo y esfuerzos para realizar un fin lícito común. La dote de la mujer y el capital del hombre –si bien es el carácter económico- no se presenta tan alarmante y pasa desapercibida, porque la índole religiosa o civil de ese contrato no representa una especulación comercial. Queda sobre la mesa analizar qué es el matrimonio para la clase alta.

Vayamos a la actualidad: hoy la familia es un grupo de personas formado por una pareja unida por alguna de las tres leyes: por lo civil, por la iglesia o por tonto. Si bien se da este contrato, se ha desvirtuado debido a que los intereses de las partes no compaginan o no los tienen claros; la importancia política, económica y moral no pesa en la decisión de formar una sociedad como antaño. Los proyectos en común pasaron a segundo plano, las familias ya no le dan la importancia a la persona física con quien formarán la sociedad conyugal en todos los aspectos, de manera religiosa, a los hebreos se les menciona que “No lleguen a estar unido bajo yugo desigual”.

Hoy, el amor es el único elemento que propicia el contrato, sin sopesar lo que significa y lo líquido y mercantilizado que está, sin saber de antemano que, para la existencia de ese contrato, deben existir intereses en común. Entonces, viene como anillo al dedo lo que menciona Gasset: una de las máximas desdichas del tiempo es que, al topar las gentes de Occidente con los terribles conflictos públicos del presente, se han encontrado pertrechados con un utillaje arcaico y torpísimo de nociones sobre lo que es sociedad, colectividad, individuo, usos, leyes, justicia, revolución, [familia], [matrimonio], etc. Buena parte del azoramiento actual proviene de la incongruencia entre la perfección de nuestras ideas sobre los fenómenos físicos y el retraso escandaloso de las ciencias morales.

Por cierto, ¿ustedes ya revisaron su contrato?


*El autor es egresado de la Licenciatura en Historia y Maestría en Historia por la BUAP. Es miembro activo de Óclesis, víctimas del artificio. Trabajó como docente investigador en la UVP donde ha sido ponente en congresos con temas relacionados con historia, gastronomía y turismo. Ha publicado artículos y ensayos en revistas como Calmecac y Re-incidente. Actualmente es docente y Tutor Escolar a nivel Medio Superior, así como Docente a Nivel Superior en el Instituto de Educación Digital del Estado de Puebla [IEDEP] Plantel Guadalupe Victoria.