Fastidio e hipocresía virtual


11 Mar
11Mar

Por: Román E. Ocotitla Huerta


El uso de las redes sociales ha marcado una diferencia entre el mundo terrenal y el mundo digital que vivimos actualmente. Habitamos la virtualidad de sobremanera para mantenernos conectados con múltiples espacios, personas y contenidos que satisfagan nuestra necesidad informática y recreativa.

Desde el momento en que la presión social nos obliga a entrar a los espacios virtuales, vendemos nuestra poca privacidad a un sinnúmero de voraces y astutas empresas que nos asfixian con productos, servicios, imágenes, vídeos y discursos de toda índole. Nos entregamos a cambio de una simulación de regocijo personal fugaz; es parte del plan que nos involucremos activamente para que la maquinaria discursiva de estos entes privados funcione.

No dimensionamos el peso que tendrían las redes sociales en nuestras vidas y nos dejamos llevar, hasta toparnos con situaciones extraordinarias que han distinguido las últimas dos décadas para bien y mal. Las bondades del libre mercado las estamos disfrutando en el dispositivo que tenemos a la mano.

Lo que también disfrutamos descaradamente es el mal interpretado concepto de la “libre expresión” en las redes sociales. Ahí liberamos al intolerante, al sabiondo, al miserable que tenemos dentro. Nos desatamos y confesamos ser algo distinto al ciudadano ejemplar que presumimos con nuestros semejantes.

Situaciones tan delicadas y complejas como los feminicidios, las desapariciones y la inseguridad, son objeto de burla que nos satisface criticar en cada tecleo de nuestros dispositivos. Nos empeñamos en ridiculizar las causas por nuestro ego y, peor aún, por todos los problemas personales que arrastramos y no atendemos. Podríamos pensar que existe una enfermedad llamada insensibilidad que se nutre del consumismo mediático.

Actualmente libramos una batalla que no parece tener fin en el mundo virtual. Abonaremos de alguna u otra forma a los discursos de odio e intransigencia que generan algunos y, en el peor de los casos, estas palabras escaparán con mayor facilidad al mundo terrenal, uno que buscamos desbaratar reiteradamente.


*El autor es egresado de Comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación BUAP.  Es fundador y coordinador general del proyecto editorial y cultural Eloquium, editor en Óclesis, víctimas del artificio, colaborador en el Grupo de Investigación Narrativas para la Comunicación y colaborador en el círculo de lectura Yishé. Ha sido ponente en congresos y coloquios con temas relacionados con el arte, la cultura y la sociedad; asimismo, ha publicado ensayos en revistas indexadas. Fue becario del programa "Haciendo Ciencia en la BUAP" en las ediciones 2017 y 2018 en el área de Lingüísitca y Comunicación (teoría de la recepción).