Infieles


15 May
15May

Por: Abdiel Degollado


El día de hoy me gustaría hacer una gran disertación sobre el amor, tratar las últimas revelaciones de la biología molecular o la epigenética y terminar con una magna conclusión que a todos nos deje satisfechos de una vez por todas. En especial me gustaría desmenuzar el asunto de la fidelidad o la infidelidad, acabar hoy con todas las posturas y dar la respuesta final. Sin embargo, hace ya un buen tiempo entendí que la ciencia no tiene esa capacidad, así que solo me limitaré a contarles una historia que recién recordé luego de una acalorada discusión sobre la infidelidad. Todos sabemos que si queremos encontrar ejemplos de fidelidad debemos buscarlos entre las aves. La biblia nos habla, por ejemplo, de la monogamia en los patos. Se tiene bien documentado el caso de los flamencos que siempre rechazarán a una hembra si ellos ya tenían una pareja previamente. O que tal las historias tristes de loros que mueren de melancolía días después de perder a su compañero o compañera de amor. La historia que recordé y seguro no sabías es de una grulla.

A principios del siglo pasado, la grulla blanca estaba considerada como especie en peligro de extinción, esto dio inicio a los planes para su conservación. Un problema inicial que enfrentaron los interesados era que los polluelos de esta especie son muy delicados y mueren fácilmente, razón por la cual el director del zoológico de Texas decidió cuidar por sí mismo a una de las polluelas, a la cual llamó Tex. Cuando Tex creció fue trasladada a una Fundación que buscaba seguirlas reproduciendo. Pero  a pesar de tener un buen novio, Tex no respondía. Para que una grulla pueda ser inseminada artificialmente, que era lo que se buscaba, ésta debe responder al cortejo del macho, de lo contrario no habrá ovulación. ¡Vaya dilema! Después de que los etólogos expertos revisarán el caso concluyeron que Tex se sentía humana y no grulla por el hecho de haber sido criada en un hogar humano.  Intentando solventar el problema, el director de la fundación internacional de grullas decidió que el mismo la cortejaría. Para asegurar el éxito puso todo su empeño en el cortejo, esto significó desde acampar con Tex durante 6 semanas, hasta ayudar a Tex a reunir hierbas para el nido, hasta descansar juntos en silencio. Tomando en cuenta lo más importante: bailar, correr y brincar dando vueltas, haciendo piruetas y extendiendo los brazos como alas. Felizmente, un buen día Tex respondió abriendo sus alas. Ya seguros de la ovulación, se pudo realizar la inseminación artificial y el esperado huevo fue puesto un mes después.

De algo creemos estar seguros los biólogos, todos estos mecanismos que encontramos en los seres vivos para perpetuar la especie son esculpidos pacientemente por la naturaleza a lo largo de un amplio número de generaciones. Pero como dije al principio, ya no me atrevo a hacer más conclusiones aventuradas y prefiero quedarme con la descripción de esta, a mi gusto, divertida historia.