La función del aprendizaje en grupo, un punto de vista


17 Sep
17Sep

Por Noé Cano Vargas*


No tiene mucho tiempo que estaba viendo la película de Tarzan, el rey de la selva, unos días después, al darle lectura al prólogo del libro Historia de la Pedagogía, saltó a la vista un tema que ya había tenido la oportunidad de abordar, los niños ferales o también llamados niños salvajes, ese niño que se presenta como un humano fuera del contexto cultural conocido y permitido, y como nos autodenominamos homo sapiens sapiens, el hombre que sabe que sabe, olvidamos que pertenecemos al reino animal, sintiéndonos superiores acuñamos el termino de seres racionales y hasta nos ofendemos cuando alguien nos dice animal.

Lo cierto es que, como parte del reino animal, llegó un momento donde los parámetros biológicos del ser humano se fueron distinguiendo de los demás animales, el desarrollo de cerebro, debido al cambio de alimentación dio como resultado un cambio gradual en su complexión física y psicológica, con ello mismo y a través de un tiempo demasiado largo la lengua le permitió articular sonidos, el uso del lenguaje le permitió transmitir información y con ello el desarrollo de todo un arsenal intelectual y físico de elementos que hasta el día de hoy hacen la diferencia, esas técnicas mecánicas y morales que menciona el texto aprendidas mediante el lenguaje le permite las abstracciones y generalizaciones indispensables para la formación de las técnicas mismas, en pocas palabras le permitió una cultura específica con la cual ha podido sobrevivir.

Cuando el niño aprende a hablar, no aprende a designar cada cosa con una palabra, como se cree, sino que más bien aprende a identificar en las cosas, a través de las palabras, la posibilidad genérica de uso que las define.  Cuando la madre le dice “éste es un tenedor”, no enseña tanto la palabra en sí misma cuanto la relación existente entre la palabra y toda una serie de objetos (todos los tenedores posibles, cualesquiera que sean su forma, tamaño, material, etc.), que se pueden definir por el uso común a que se destinan.


Denominamos cultura a todo aquel conjunto de las facultades y habilidades no puramente instintivas de que dispone un grupo de hombres para satisfacer sus necesidades y mantenerse vivos, entonces, si volvemos a los niños salvajes, podemos afirmar que son aquellos individuos que no cuentan con ese repertorio cultural, nos referiumos a los niños abandonados o privados de contactos humanos durante los primeros años de su vida, estos tuvieron la fortuna de sobrevivir y formar parte de otra cultura diferente a la humana, como miembros de grupos animales:  lobos o simios superiores, mismos que al encontrar a la cría, la aceptaron dentro de su grupo y le enseñaron sus parámetros culturales para que aprendiera a satisfacer sus necesidades y mantenerse vivo dentro del grupo, sociedad y hábitat en que se encontraba, nótese que estoy cambiando habilidades instintivas por parámetros culturales, pero la intencionalidad es la misma, el aprendizaje de un grupo y su apropiación individual para satisfacer necesidades.

Si tomamos a los niños ferales, como aquellos individuos que están inmersos en una cultura diferente a la humana, al encontrarlos, los de su especie les quieren cambiar sus parámetros culturales ya formados y restituirlos a un mundo humano que ya no es su mundo, es cuando surge el problema, pues al querer ser restituidos al mundo de los humanos, los individuos carecen de todo carácter humano, no hablan y no tienen la capacidad de hablar, pues ellos tienen sus propios parámetros culturales aprendidos en su grupo animal, y al no comprender esa situación, su desarrollo mental para nosotros se halla detenido en un nivel que supera en poco la imbecilidad como lo menciona el texto, sus reacciones son en gran parte automáticas: no parecen tener conciencia de sí y se muestran indiferentes a la compañía humana, en algunos casos no tienen ni siquiera la posición erecta y la aprenden con dificultad, no sonríen ni ríen, pues los sonidos que emiten son análogos a los aprendidos con los animales con los cuales han vivido.

La incorporación del individuo que ha vivido con grupos de animales al grupo humano es imposible pasada cierta edad, pues si bien los animales al nacer entran rápido en posesión de las capacidades propias para conservarse vivos, el hombre tiene que aprender a utilizar su organismo y lo que aprende en sus primeros años es crucial en su vida futura, los casos donde se ha intentado educar a los niños ferales ha sido imposible o con logros efímeros, unas cuantas palabras, señales de aislamiento a lo que le sigue la muerte causada por no encajar, nosotros le llamaríamos depresión o tiricia, utilizando conceptos acuñados por nuestro grupo de animales racionales.

Lo anteriormente mencionado demuestra que los patrones culturales aprendidos por un grupo, se vuelve crucial para comprender el mundo, la realidad en que vivimos y sobrevivir, hablando del ser humano, su formación inicial es crucial, el conjunto de las influencias educativas originadas mediante el contacto humano le permite al otro aprende el lenguaje y con ello las indispensables técnicas que definen su condición humana.

Entonces, al volver a punto de inicio, Tarzan el rey de la selva y le podemos agregar a el libro de la selva en sus distintas versiones y a George dela selva, me doy cuenta que la sociedad Hollywoodense le enseña a las futuras generaciones a nivel mundial una visión distorsionada de cómo el ser humano puede entrar en contacto con otros animales – excluyo de esta lista y recomiendo la película Instinto protagonizada por Anthony Hopkins, Cuba Gooding, Jr. En 1999 -, que, al sentirnos superiores a otros seres vivos, no apreciamos la belleza y los parámetros culturales de otras especies del reino animal, mismas que muestran su importancia al enseñar sus pautas de comportamiento cultural que nosotros tachamos por instintivas, y lo más importante, me enseñaron que la función del aprendizaje en grupo es crucial para la supervivencia de cualquier especie, pero este, sólo es un punto de vista.


*El autor es egresado de la Licenciatura en Historia y Maestría en Historia por la BUAP. Es miembro activo de Óclesis, víctimas del artificio. Trabajó como docente investigador en la UVP donde ha sido ponente en congresos con temas relacionados con historia, gastronomía y turismo. Ha publicado artículos y ensayos en revistas como Calmecac y Re-incidente. Actualmente es docente y Tutor Escolar a nivel Medio Superior, así como Docente a Nivel Superior en el Instituto de Educación Digital del Estado de Puebla [IEDEP] Plantel Guadalupe Victoria.