La sorpresiva realidad dentro de la ficción de “Parásitos” de Bong Jon-Hoo


13 Apr
13Apr

Por: Penélope Astudillo*


El octubre pasado llegó a la cartelera una película coreana de la que todos hablaban. Cuyo título en México fue “Parásitos” y la dirigió Bong Jon-Hoo. La trama sigue a una familia que se queda sin trabajo (padre, madre, hijo e hija) y por lo tanto sin ingresos económicos. Afortunadamente, el hijo menor consigue laborar como tutor de inglés para una familia rica. Poco a poco, él y su hermana encontrarán la manera de emplear a todos en su casa, utilizando su inteligencia e ingenio. Pero algo que no esperaban ni vieron venir, reside en la casa en la que ahora trabajan, y tendrán que enfrentarse a ello.

La cinta fue vendida como historia de terror y comedia negra. Los cortos para anunciarla se tornaban oscuros y con música tenebrosa, el cartel era digno de un film de miedo; en él, aparecen los personajes de la historia, con pose maquiavélica, los ojos censurados y acompañando la imagen, una frase que se lee “Están entre nosotros”.

Es por ello, que al comenzar a verla, tenía una expectativa de algo supernatural, fuera de este mundo. Sin embargo, obtuve todo lo contrario: la cruda realidad. Al principio, podría entenderse que los parásitos son esta familia oportunista, que le miente a la familia rica para aprovecharse de su dinero, hasta suena un tanto villanesco. Conforme avanza la trama, nos damos cuenta que el villano no es alguien en particular.

Como muchos ya sabrán, en “Parásitos” no hay fantasmas, demonios ni monstruos sino algo mucho peor, algo a lo que le tememos aún más pero cuya existencia negamos fervientemente: evidencia de una desigualdad económica y social, clasismo y gente pobre.

La película muestra lo normalizada que está la manera en la que los patrones tratan a sus empleados. Como seres invisibles que están a su merced; que pueden hablar por supuesto, incluso opinar a veces, pero tampoco demasiado, al fin y al cabo también deben conocer su lugar. Y lo muestra de manera muy sutil, tan sutil como la vida misma.

A pesar de que la historia es de un país que se encuentra al otro lado del mundo, y cuya cultura nos puede parecer completamente ajena, la problemática planteada es universal. En ningún lugar, los pobres son pobres porque quieren, y la mayoría de las veces, es la misma situación en la que nacemos, la que nos limita a quedarnos en ella. La que nos obliga a ser vistos como parásitos.

La desigualdad social y económica siempre se ha abordado, en distintos medios y géneros, usualmente en distopías futuristas, que son las que están tan de moda hoy en día. Pero en este caso,  no hay necesidad de imaginar un mundo caótico,  pues ya vivimos en él.

Es por ello que el film fue tan relevante, nos dijo muchas verdades incómodas. Es por ello que mientras nos incomode el admitir que existe el clasismo, racismo y cualquier tipo de desigualdad, y no la desigualdad en sí, seguiremos viendo la situación desde la perspectiva incorrecta.



*La autora es licenciada en comunicación, por la Benemérita Autónoma de Puebla. Ha colaborado en distintas revistas como TEIP y Revista UNUS como columnista de la sección de cine. También forma parte del consejo editorial de Óclesis. Ha trabajado en abc Radio y LO media como locutora y productora de programas radiofónicos. A su vez ha participado como organizadora y ponente en el Coloquio Nacional de Narrativas. Se especializa en la corrección de estilo y creación de contenido para distintos medios.