México Mágico, edición funerales


24 Apr
24Apr

Por: Penélope Astudillo*


En esta semana murió una amiga de mi mamá. La familia no está muy segura del porqué, acababan de enterarse que tenía cáncer y pocos días después falleció. Mi madre estaba muy triste por la repentina noticia, y un poco alterada de no poder ir al velorio ni al entierro. En parte porque no es muy prudente estar rodeada de tantas personas considerando la pandemia, y además porque justo ahora se encuentra en un estado distinto al de su origen. Llámese destino, suerte o coincidencia, ella no podría ir a despedirse.

Cuando escuchó la noticia, lloró por unos tres minutos, e inmediatamente sacó su celular para hablar con sus otras amigas al respecto. Reía y lloraba mientras trataba de averiguar qué es lo que había pasado, si es que habría ceremonia, a quién debía llamar para dar el pésame. Después colgaba y volvía a llorar. Decidí dejarla sola para que pudiera lidiar con lo que sentía.

Horas más tarde, bajé a la cocina, y vi a mi mamá en la sala, con la mirada atenta al celular. Le pregunté un par de nimiedades y de pronto comenzó a llorar. “¿Por qué lloras?” Le dije. Ella no despegaba los ojos de la pantalla. “Es que es la velación de mi amiga Juanita”. Contestó. Yo fruncí el ceño. ¿Acaso le estaban avisando por mensaje que ya era el velorio?

Me acerqué y entonces vi lo que miraba, era una transmisión en vivo. En el video se podía apreciar el ataúd, con las respectivas flores alrededor. Parecían estar en alguna casa. También había un cuarteto de músicos, que en Guerrero llamamos “chile frito”, tocando con tambores y trompetas canciones típicas del estado. Quien grababa la escena, apuntó hacia una chava y un chavo que cantaban, gritaban y sonreían con lágrimas en los ojos. “Esos son sus hijos”. Comentó  mi madre y volvió a sollozar, “Es que le gustaba mucho la fiesta y el trago”. Dijo explicando todo el escándalo.

Entonces, la cámara giró hacia las personas que estaban detrás del “chile frito”, eran como unas quince, algunas zapateaban en su lugar, otras sólo miraban y lloraban, había unos cuantos con cubrebocas, y otros tantos con las manos alzadas como recitando el padre nuestro.

La escena me parecía surreal. No el escándalo, ni la fiesta en un evento que se supone que es triste, eso es parte del folklor mexicano, supongo. Me pareció increíble que lo estuviesen transmitiendo por redes sociales. ¿Qué rayos le ocurría a esa gente? ¿A ese punto habíamos llegado? Suficientemente ridículo es poner el moño negro como foto de perfil, ¿ahora también graban el velorio? Me pregunté si transmitirían todo el rosario después del bailongo. ¡Y tenían cubrebocas! En una habitación llena de gente. Supongo que habrá que reconocer el acto de responsabilidad ahí.

A decir verdad, estaba indignada por la falta de respeto, por la adicción a documentar todo, porque no entendía si mi madre lloraba por su amiga o por no estar ahí cantando con los demás, utilizando su cubrebocas y grabando el evento. Después respiré, y me pregunté ¿y a mí qué me importa cómo realizan el luto las demás personas?

El duelo es algo que todos procesamos de manera distinta. Recordé que cuando murió mi abuelo, yo estaba aliviada porque él ya no se encontraba agonizando en la cama del hospital. Toda mi familia estaba preparada para su muerte y a pesar de la tristeza, nos reímos un par de veces recordando anécdotas graciosas junto a su cuerpo que yacía en el ataúd. También recuerdo a unas señoras, viéndonos feo porque no entendían cómo es que reíamos con mi abuelo ahí a lado, honestamente eso hizo que mis primos y yo, riéramos más.

Así que la escena que vi en el celular de mi madre, sí fue un poco bizarra, pero en realidad fue consecuencia de las herramientas con las que contamos hoy en día. Al fin y al cabo, utilizamos los vídeos, las fotos y nuestras redes para tener registro de sucesos importantes (entre otras cosas). Y la muerte, a pesar de lo que muchos digan o piensen, siempre será de los sucesos más importantes en nuestras vidas.


*La autora es licenciada en comunicación, por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha colaborado en distintas revistas como TEIP y Revista UNUS como columnista de la sección de cine. También forma parte del consejo editorial de Óclesis. Ha trabajado en abc Radio y LO media como locutora y productora de programas radiofónicos. A su vez ha participado como organizadora y ponente en el Coloquio Nacional de Narrativas. Se especializa en la corrección de estilo y creación de contenido para distintos medios.