Oralidad y memoria


18 May
18May

Por: Jennyfer Ramos*


La oralidad ha sido la primera manifestación del ser humano. Convirtiéndose así, en una necesidad para la vida social.  Cantos, poesías, cuentos y leyendas que constituían y constituyen formas de moldear a los sujetos, se manifiestan en la historia humana por medio de la oralidad.

Por otro lado, la memoria, es fundamental a la hora de pensar en historia y cultura. En ella se conjugan los cimientos de todo conocimiento humano, y la atemporalidad que la caracteriza.

Así mismo, la forma de -almacenar- o contener estos saberes se distingue de lo colectivo y lo individual. Estas formas vinculan directamente el modo de relacionarse y de vivir bajo consensos previamente adquiridos. Y así, formar parte de criterios morales para distinguir lo correcto y lo incorrecto.

En cuanto a las tradiciones, la oralidad funge como un puente para enlazar el conocimiento de generación en generación. De igual forma, la oralidad (inherente a la memoria) es sumamente importante al realizar un estudio social, pues a través de ella se pueden conocer aspectos de la viva voz del sujeto a investigar. Obviamente, teniendo en cuenta que el sujeto va a expresar su sentir respecto a temas específicos y hacer una jerarquización mental de las memorias relevantes para el mismo.

En el mismo sentido, se debe tomar en cuenta que es posible que el sujeto pueda manejar sus recuerdos o incluso el paso de los años perder fragmentos de (pensando en que nuestro sujeto a investigar sea un adulto mayor).

Por ejemplo, en mi caso, un sujeto de estudio recurrente es mi abuela paterna.  Sus juicios morales, sus anécdotas y la reflexión que hace frente a mis ojos sobre sus aciertos y errores en su vida, me dan la pauta para tratar de comprender sus palabras y memorias.

Ella al ser la mayor de las mujeres de 13 hermanos en total, clase media-baja, blanca, y ahora con 71 años de edad, me cuenta cuando a los 4 años de edad ya hacía tortillas desde cero, cocinaba con leña. Y cuando por fin fue hora de ir a la escuela, solo los -ricos- llevaban zapatos. -Los jodidos- no tenían para eso, o si tenían un poco, los padres compraban zapatos con el señor que vendía zapatos de uso de puerta en puerta. Quedándoles un zapato de un estilo y el otro de otro par incompleto.

O cuando se les hacía tarde para regresar de la escuela a la casa, tenían que esconderse debajo de las vías del tren y un río para evitar accidentes si el tren se descarrilaba.

O las veces que antes de cumplir 13 años de edad y sin conocer al pretendiente, fueron a pedir su mano, y en caso de que sus padres no estuvieran de acuerdo con el matrimonio, “se la iban a robar”, y es por ello, que desde los 10 a los 13 años, vivió de casa en casa, con familiares lejanos por prevención.

Estas son solo algunas vivencias, que me han permitido conocer  más su persona, y la forma de convivencia y trato de una (de muchas) familias mexicanas.


*La autora es egresada de la licenciatura en Comunicación en la Facultad de Ciencias de la Comunicación BUAP. Es co-fundadora del proyecto editorial y cultural Eloquium. Miembro del consejo editorial de la Revista Óclesis. Colaboradora en el Grupo de investigación de narrativas de la comunicación en la FCCOM y el Círculo de lectura Yishé.  

Ha realizado eventos y generado espacios para la creación y difusión de la cultura en general, como círculos de lectura, exposiciones de foto, recepción de poesía, intercambio de libros.  Becaria en el proyecto de investigación “Haciendo Ciencia en la BUAP Otoño 2017 " con el tema “La recepción de la literatura feminista en Latinoamérica y México" en conjunto con el Dr. Guillermo Carrera García. Y ponente en distintos foros, entre ellos, en el Conversatorio ¿Qué significa ser mujer? dentro de la Conmemoración del Día de la Mujer | 2019.

Interesada en el análisis de la comunicación, en el ámbito cultural, social, literario y fotográfico.