Palabras hermosas


02 Apr
02Apr

Por: Hugo Israel López Coronel


Quizá una definición de Cultura es el cultivo o desarrollo de la capacidad intelectual producida por el conjunto de obras de arte, filosofía, ciencia, técnicas u otras tantas manifestaciones creadas por el espíritu humano, o bien, los conocimientos y grado de civilización que un pueblo alcanza, o desde el cúmulo de información que se comparte en una comunidad precisa, [agréguese aquí, también, todas las definiciones anacolutas que considere oportunas]. Pero, entonces quedo instalado aquí, en un tiempo–espacio que me limita, bajo esta conciencia construida dentro de un discurso del que no puedo escapar y que además me presenta ante mí mismo como una realidad única (o al menos eso me dijeron, y pues yo me lo creí).

Ésta es mi Ciudad, mi Estado, mi País, mi Planeta, mi Mundo, tan llenos de “cultura”, debería decir, y prometer que me da tanto gusto vivir aquí, tan lleno de “cultura”, y a caso esto sólo es un mensaje más. Después de releer estas líneas “me pongo a pesar”, como diría un camarada de lujo, en la importancia de las mismas y percibo nuevamente aquel poder, propio, intrínseco y que como individuo cultural soy capaz de ejercer sobre los demás, y no es, sino a caso con palabras. Pretendo, entonces pensar en la palabra como inmanente a una energía emanada desde el demiurgo caprichoso que gobierna las conciencias; porque, se me ha permitido llamarla poesía y a ésta, no como un evento que ocurre dentro del ser humano, sino como una inherencia en él, a su naturaleza humana,  como en algo que tuviese una existencia propia en el mundo exterior.

La verdad, para los ojos, está en el universo que gira en derredor. Para el poeta, en la palabra-poesía que existe por su sola virtud y está ahí, en todas partes, al alcance de todas las miradas que la quieran ver. La palabra es, desde todo, terreno propio de la poesía e instrumento necesario para su cabal expresión. No cabe duda, desafortunadamente, o por el contrario (según sea la perspectiva) estamos asistiendo a la muerte de lo que queda del siglo XX y el nacimiento de otro, que por cierto, parece efímero. Ahora, con el levantamiento de otros tantos muros (incluyendo los propios), y la amenaza del regreso de las verdades absolutas, pareciera que esta seducción que la misma palabra y su mundo (la cultura del ser humano) se perduran en la mentira eterna (o verdad absoluta), y se amedrentan de ser, y reitero, de SER, ya que la naturaleza de la misma sacrifica almas inocentes para seguir siendo la verdad absoluta. "La Palabra".

Considero que no es una posición extrema en franca disidencia ya que la poesía por naturaleza trasgrede (al menos así había sido por mucho tiempo), y la poesía, al penetrar en la palabra la disecciona, la reconstruye, la desgaja como un capullo a todos sus matices de la significación. Bajo el conjuro poético, la palabra se expone y deja entrever, más allá de sus paredes así transparentadas, ya no lo que dice sino lo que calla. Pero al final, sólo estoy haciendo girar los engranes que desde mi propia concepción de “cultura”, ella “libre”, deviene en la afirmación de que en esta realidad gozamos de una “verdadera” existencia en el basto abanico de posibilidades culturales lista para el mercado y su consumo. Debates van y vienen en redes sociales (y otros tantos medios más) que vociferan ser la auténtica cultura de las palabras hermosas y, que al caso, entretejen espectaculares donde el énfasis se presenta en esta llamada tarea cultural de la palabra.

¿De qué cultura de la palabra estamos hablando?, ¿de la mía?, ¿de la de usted? o ¿sólo es, por no dejar ninguna huella en el telón de duda, de la cultura de la palabra de todos? Hay que levantar la mano, hay que levantar la palabra, hay que hacer sonar las campanas en esta playa donde la arena se baña con las palabras hermosas desde muy diversos puntos de vista, encuadres o, si se quiere, hasta de voluntades. “No hay que dar voces”, sentenció Goya, porque en esta “Cultura de las palabras hermosas” en aquel libro de El Siglo de las Luces, donde el Esteban de Alejo Carpentier, solicitó que cuidemos de las palabras demasiado hermosas; de los Mundos Mejores creados por las palabras, porque ahora, a manera de vuelta de tuerca, nuestra época sucumbe por un exceso de palabras.


*El autor es licenciado en Lingüística y Literatura Hispánica y maestro en Literatura Mexicana por la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP; es miembro fundador del grupo académico Óclesis, Víctimas del artificio (2004); actualmente coordinador editorial en el mismo. Es profesor en materias en el área de lenguaje en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP así como de otras casas de estudio. Ha colaborado en medios impresos y digitales a nivel nacional; es titular de los programas de radio en formato de internet: Óclesis Radio, el Artificio en la Radio y la Casa está sola. Ha sido antologado en “Poesía Urgente” (2010) por la editorial La Mancha: Caracas, Venezuela y en “Dramaturgia Universitaria” (2010) por la BUAP. Cortina en el espacio (2014) en la editorial Sikore, antología de cuentos, es su más reciente publicación.