Reflexiones sobre el fenómeno de la interpretación literaria


13 May
13May

Por: Román E. Ocotitla Huerta*



Durante las clases de semiótica, narrativas contemporáneas y talleres de escritura y lectura, se fortalecieron una serie de reflexiones que forman parte de mi interés por la interpretación y las relaciones simbólicas que se establece entre un texto -en un sentido amplio de significado-, y la realidad que cada persona configura de acuerdo con los intereses y experiencias que tenga.

La lectura de textos literarios, por ejemplo, nos permite generar una cercanía hacia el discurso, lo que quiere decir el texto; solemos adoptar un rol, aunque no nos percatamos de ello. La mayoría de los lectores pueden “sentirse” parte del texto, como una especie de observador constante que usa la deducción que su experiencia personal le permita. Esto se observa con mayor atención en las novelas que en los textos académicos. La razón se debe a que los textos literarios están estructurados de distinta forma y van dirigidas a lectores con un posible interés distinto al de un lector que busca información objetiva.

El rol mencionado anteriormente, está comprendido en una dinámica de reinterpretar cada oración que estemos leyendo. Interpretamos textos porque formamos ideas primarias acerca de qué estamos leyendo para luego estructurar paulatinamente el contexto que nos ofrece el texto. En dicho proceso se encuentra el imaginar escenarios, épocas, personajes, personalidades y relacionar directamente dichas estructuras mentales con nuestra experiencia cotidiana.

La experiencia que se presenta de forma mental al leer e interpretar los textos se debe entender a su vez como una pre-comprensión. No se puede interpretar los textos sin cierta experiencia previa que ayude a comprender lo que se está leyendo. Dicha pre-comprensión sólo se puede dar de forma empírica en un primer nivel y en una forma lingüística en un segundo nivel.

Para este fenómeno del que he referido, es necesario mencionar las bases de la Lingüística (lenguaje, lengua y habla). Éste último, se hace presente al procesar las suficientes experiencias empíricas, interpretativas y significativas de los textos para formar un juicio acerca de lo leído y formular pensamientos y discursos que dan lugar a interacciones de distintos niveles. A su vez, lo que se interpreta, procesa y menciona, será reinterpretado y significado por nuestros semejantes. Es un ciclo impresionante que parece no tener límites.

Nuestra lengua nos ha permitido formar estructuras particulares que se han mantenido de forma consensuada por los usuarios de dicha lengua, y que han brindado distintos sentidos de pertenencia y de comprensión en un determinado contexto y grupo social. El lenguaje y la lengua son elementos fundamentales que han posibilitado constituir las palabras que forman parte de los textos. Del significado y sentido de las interpretaciones que se derivan de dichos textos se han encargado los estudios semióticos y hermenéuticos.

Los códigos, que forman parte de una estructura lingüística, se establecen en los textos y varían dependiendo del mensaje y de la intención que tiene el escritor hacia el lector. En muchos de los casos, el mensaje que tienen los distintos tipos de textos tiene implícita una intención que el lector deberá descubrir al avanzar a través de la obra. Estos códigos, están estructurados de tal forma que el lector descifra constantemente, y este ejercicio está en función del contexto histórico, léxico y de cómo se puede relacionar con su contexto actual. No todas las palabras y no todo el contexto que se lee se puede interpretar adecuadamente, y esto se observa claramente en las obras clásicas y académicas.

El significado que ofrece el escritor en su obra busca encender la maquinaria interpretativa que cada lector pondrá en funcionamiento al momento de leer, y La significación dependerá de cada lector. Cuando leemos ocupamos un rol como lo mencioné en un inicio y, de forma simbólica, dejamos a un lado nuestra estructura cotidiana por un instante y nos insertamos en un estado de ser y pensar distinto, que nos permite internarnos en un mundo diferente y lleno de realidades alternas y significativas.

Cuando dejamos de leer y regresamos a nuestra realidad física, nos percatamos que reconfiguramos parte de nuestra estructura mental e introdujimos parte del texto con un objetivo en común: darle un valor y un sentido a nosotros mismos y a nuestra realidad, un sentido que está estrechamente vinculado con nuestros pensamientos, nuestras experiencias y nuestra interacción con nuestros semejantes y nuestro entorno, uno que construimos en gran parte por haber sido participantes activos en la lectura.


*El autor es egresado de Comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación BUAP.  Es fundador y coordinador general del proyecto editorial y cultural Eloquium, editor en Óclesis, víctimas del artificio, colaborador en el Grupo de Investigación Narrativas para la Comunicación y colaborador en el círculo de lectura Yishé. Ha sido ponente en congresos y coloquios con temas relacionados con el arte, la cultura y la sociedad; asimismo, ha publicado ensayos en revistas indexadas. Fue becario del programa "Haciendo Ciencia en la BUAP" en las ediciones 2017 y 2018 en el área de Lingüísitca y Comunicación (teoría de la recepción).