Siempre me han fascinado los virus


23 Mar
23Mar

Por: Abdiel Degollado*


Siempre me han fascinado los virus. Esos seres diminutos que pueden hacer que las grandes ciudades se detengan, que las agitadas calles encuentren paz. Minúsculas cápsides de proteína que pueden movilizar a las personas a crear contenido digital de todo tipo, de todas las ideologías.  Casi nadie puede abstraerse de ellos.

Algunos aprovecharán la existencia de estas partículas infecciosas incluso para sostener argumentos a favor o en contra de su partido político. Otros querrán reforzar sus creencias religiosas en ti. Habrá quienes, necesitados de me gusta virtuales, intenten con toda su creatividad hacerte reír.  En otro frente aparecerán los que gustan del paradigma de la salud y la enfermedad causada por los pensamientos, y no desaprovecharán esta oportunidad para recordarnos que las emociones definen nuestras enfermedades. Por supuesto, tendremos al personal de la enorme industria de la salud buscando las palabras adecuadas para no generar ni pánico, ni desinterés.

Vendedores natos, hallarán la forma de conseguir insumos como gel antibacterial, cubrebocas o guantes para revenderlos y mantener en movimiento la mermada economía. También saldrán, seguros de sí mismos, los que afirman que nada está pasando, y con aire de superioridad dirán: yo no me preocupo ni me creo esas mamadas. La industria farmacéutica tendrá súpercomputadoras trabajando a marchas forzadas con estudios de docking para encontrar las moléculas que mejor puedan impedir la propagación del virus, para luego buscar sintetizarlas en laboratorios y comenzar las pruebas en animales y finalmente en humanos.

Los políticos del mundo, darán discursos alrededor de este tema. Películas cuyo tema principal es el bioterrorismo aparecerán como sugerencia en nuestros servicios pagados de entretenimiento. Los medios de comunicación buscarán infoxicarnos con infografías sobre la pandemia. Almas generosas ofrecerán sus servicios según su profesión para pasar la cuarentena. Algún despistado escribirá una cuartilla con preguntas deseando causar un poco de curiosidad. De todo esto y más son capaces esas ínfimas nanoestructuras que casi nadie logra comprender. De hecho, es bien sabido que el concepto de virus es un concepto que la gran mayoría de los estudiantes no comprenden.

Si preguntásemos a personas de todo el mundo, sobre qué es un virus, en qué escala se encuentra, cuáles son sus características (de manera muy simple), por qué no es considerado un ser vivo o en qué se diferencia de una bacteria (qué es casi como preguntar en que se diferencia un nopal de un elefante), seguro que muy pocas personas lograrían responder alguna de estas fáciles preguntas. En teoría, todos los seres humanos los aprendemos alrededor de los 15 años, y lo repasamos varias veces en la vida estudiantil, y sin embargo las estadísticas nos muestran que algo falló.

Esta vez no es un problema de países en vías de desarrollo, es igual en los países desarrollados. A veces ni los maestros de ciencias naturales sabrían bien a bien explicar de manera sencilla y precisa qué es un virus. Por cierto, no es que sea fácil explicar a los virus, probablemente estos parásitos sean de los seres que más incógnitas generan en la biología y por todo ello es que siempre me han fascinado los virus.