Poema de los ombligos


Por: Marisol Rosas*


Si nuestros ombligos se besan,

se reconocen, se superponen durante el amor,

chocan entre sí,

se deslizan uno sobre otro;

si la humedad fluye desde tu cuerpo

e inunda el diámetro de mi caracola vacía o, a la inversa,

de mí proviene el escurrimiento que gotea sobre tu cuenco de sal:

centro de pliegues únicos -huella certera del universo-,

sea cual fuere el sentido, sea que la ola de mar

rebalse una u otra pequeña jícara

(tal si fuera la espuma sobre el acantilado),                         

se tornará río cuando uno de los dos decida ponerse en pie,

arroyo se tornará mientras persigue el sur

hasta secarse, como sucedió a las semanas de haber nacido,

porque cuando dos ombligos se tocan

es igual que volver a nacer.


Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica (BUAP) y estudiante de la Maestría en Estudios Amerindios y Educación Bilingüe (UAQ), interesada en el multilingüismo y las lenguas en contacto; a veces, encantadora de abejas, viajera cósmica y entusiasta de la transformación constante. 

Hoy, su palabra favorita es: esperanza. Mañana, quién sabe.